Me refiero a los artistas plásticos: pintores, escultores, fotógrafos, diseñadores, … ¿Cuántas veces hemos tenido que almacenar obras, proyectos a medias, dibujos, ideas para no ocupar el espacio de los proyectos que están tomando su lugar? ¿Qué sucede cuando nos trasladamos de ciudad o incluso de país? Pues que tendremos que cargar con toda nuestra obra a cuesta como los caracoles sus típicas conchas. De ahí esa metáfora. En cambio, los literatos: poetas, narradores, dramaturgos pueden guardar todo en un ordenador, en un lápiz USB, en una pantalla portátil. Es distinto y lo sé porque escribo poesía.

Ayer trasladé unas 250 obras, calculo, del trastero de la familia de mi madre, en la zona de Las Ventas a Alcorcón, donde vivo actualmente. Fue una paliza de la que me encuentro satisfecho. Llegué a casa muerto y con una enorme inflamación en la campanilla que me obligó acudir a Urgencias porque me estaba ahogando por su hinchazón. En fin, un duro día del que voy recogiendo frutos en mi reflexión. Artistas-caracoles. Todos los artistas del mundo tenemos obra para nuestro propio museo particular pero pocos, muy pocos lo consiguen. Los hay cuya obra acaba en un contenedor, otros tienen obra en galerías y museos (los afortunados), otros en patrimonios privados y familiares.

Me deprime pensar esto, sé que un día me iré y no sé qué pasará con mi obra. Mi madre dice que actúe en el presente y no piense en el futuro. Di muchas vueltas en torno a encontrar el estudio pensando en mi hija, y ella me dijo que no hiciera eso, que cogiera un estudio ya y trabajara, y luego lo que sea, será. Me consolaron mucho sus palabras pero nunca negará que soy un artista-caracol.

Hasta que me liberen y mis obras se libren de mí.

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